Gantz Mexico 15


CAPITULO 15:
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Continuación de la anotación anterior:
Pocos minutos después regresó El Chacal con la leche y las galletas de Marcelino. El Chacal me hizo una seña de que lo acompañara a la mesa mientras Marcelino estaba en el piso comiendo sus galletas viendo la tele. Aquel tipo con los brazos y cuello tatuado saco un cigarro y lo prendió. Me ofreció uno a mí a lo que le dije que tampoco fumaba. Esta vez solo me dijo maricon.
-Escucha wey- dijo con el cigarro en la boca- no es por mal pedo, pero no te puedes quedar - no importa cuánto lo hagan, nunca imaginaran la expresión de mi rostro cuando me dijo eso. Tratando de aparentar una calma que estaba lejos de tener le respondí con otra pregunta:
- ¿Y cómo porque o qué?
- Mira, por ahora tengo muchos pedos, y la mayoría no podre resolverlos mientras este Marce aquí, así que me voy a largar de este cabron lugar. Sin embargo hacerlo cuesta un chingo, lo que me va a quedar a penas nos va a alcanzar para tragar yo y el niño, además, el departamentito que vamos a tener va a ser bien pinche pequeño, por lo que tú sales más que sobrando. - lo que me acababa de decir El Chacal me entristeció un poco, pero aun así lo entendía perfectamente, aparte que ya mucho había hecho por mi salvándome esas veces, por lo que no protesté. Lo bueno fue que me dio un lapso de cinco días para buscar donde quedarme... a quien engaño, daba lo mismo ya que era muy poco tiempo y hasta ese momento nunca tuve la necesidad de vivir por mi propia cuenta.
Durante los dos primeros días de mi limitada estancia la rutina que tuvimos fue que El Chacal salía de la casa por varias horas desde la mañana mientras Marcelino y yo nos quedábamos viendo la televisión o llegaba a acompañar a Marce en alguno de sus juegos infantiles. Regresaba en la tarde solo para comer y ver que no le faltara nada a Marce y después volvía a salir. Y al final regresaba en la noche y salíamos todos a comer unos tacos que estaban cerca del lugar donde estábamos. Como dije, esa rutina se repitió dos días, pero el tercero algo cambió al final.

Durante la mañana y la tarde todo transcurrió igual por lo que no tenía razón para creer que sería un dia en especial, hasta que en la noche llegó El Chacal totalmente ebrio. El verlo me recordó algunas divertidas anécdotas junto con unos amigos que si tomaban y cuando llegaban a emborracharse hacían cada tontería. Pero, por alguna razón esta vez la condición del Chacal no me parecía para nada divertida. Le dije a Marce que se quedara en el cuarto donde dormía y que no saliera de ahí hasta que yo se lo dijera. El me hizo caso sin preguntar.
El Chacal se tambaleaba y casi cayó dos veces antes de llegar a sentarse a la mesa.

- E... eres una buena... una buena persona... me caí.... de a madres - decía El Chacal entrecortando el habla.

- He, ¿necesitas que te traiga algo?- dije tratando de ayudar a aquel borracho.

- Ne... nece... ¿necesitar?... lo que real... lo que realmente necesito es... una... una vieja buenísima y un... un periquito bien chingón... las viejas... no... No son más putas... esa... mi... mi vieja...- el tono del Chacal paso de burlón a serió- mi pinche puta vieja... carajo... ojala que Satanás en persona se la este chingando en este momento. - este cambió de humor en El Chacal me hizo olvidar la incomodidad que me daba estar cerca suyo y empezar a ponerle atención a lo que decía- mi... mira wey... nunca... en tu puta vida... te vayas a enamorar... carajo... por... porque... esa puta... - al Chacal se le comenzaba a quebrar la voz- mi chiquito... mi... chavalín...- para este punto El Chacal empezaba a sollozar- porque... porque ¡PORQUEEEEE!- en un estallido de furia lanzo la botella que llevaba desde que entro contra la pared, la cual se hizo añicos de inmediato. Hecho esto comenzó a lanzar y tirar cualquier objeto que se encontró, hasta la televisión quedó desecha ante el ataque de furia del cual estaba poseído El Chacal.- Ma... Manolito... porque... - fue lo último que dijo El Chacal antes de caer al suelo. Me preocupe por un momento por su salud, pero al acercarme mi preocupación se disipo ya que lo vi durmiendo y aun repetía ese último nombre que dijo. Sentí que era mi responsabilidad mínima llevarlo hacía su cama, lo cual me costó un verdadero trabajo. Con solo decir que me tuvo que ayudar Marcelino a cargarlo. El pobre chiquillo estaba muy espantado por lo que había pasado, a lo que yo trate de calmarlo diciéndole que el solamente se sentía cansado y muy enojado pero no con él, pero pude ver en su rostro que mi explicación no le era suficiente. Lo único que pude decirle fue que mañana yo hablaría con él para ver que le pasaba. Me costó mucho trabajo conciliar el sueño.

A la mañana siguiente El Chacal estaba de un humor de los mil demonios debido a la resaca que traía, por lo que tratamos Marcelino y yo de hacer el menor contacto visual y verbal con él. Hasta que, como siempre, tenía que arruinarlo.

- ¿A dónde vas?- le pregunté con algo de reproche.

- Te vale verga.- me contestó de forma cortante.

- No me quiero quedar aquí. Marcelino y yo no podremos ver la tele ni nada. Mínimo llévanos a dónde vas a ir.

- Tienes la puta mínima idea de a dónde voy.- lo sabía muy bien desde el principio, pero trate de hacerme el inocente.

- No. Esa es otra razón- El Chacal estaba a punto de mandarme a volar cuando Marcelino también se lo pidió con voz suplicante, a lo cual acepto El Chacal de inmediato. Aun me sorprendía la debilidad que tenía aquel sujeto por ese chico.

Caminamos por varias calles, subimos algunos autobuses y al final llegamos a nuestro destino. Nada más y nada menos que las afueras de mi escuela, lugar donde vi al Chacal por segunda vez en mi vida. 

Al llegar, El Chacal me dio una cantidad que oscilaba los setecientos pesos y me dijo que con eso distrajera a Marcelino mientras el atendía sus negocios. Me advirtió dos cosas:

1. Que no se me ocurriera gastarme el dinero en nada que no fuera para Marcelino.

2. (y en esta puso especial énfasis) Que no lo molestara y mucho menos permitiera que Marcelino viera lo que estaba haciendo él.

Asentí con la cabeza ya que me había asustado un poco la manera en la que me dijo esas advertencias.

Lo primero que hice fue llevar a Marcelino a unas "arcades" cerca de mi escuela. El chico era bastante bueno en los juegos de peleas. Algo que debo confesar fue que Marcelino me insistió mucho que jugara unas partidas con él a lo cual yo lo rechazaba cortésmente diciendo que no era bueno en esos juegos (y de hecho no era completamente falso) pero luego pensé que tal vez me podría causar un problema no satisfacer los deseos del niño, por lo que participe en dos contiendas, en las cuales Marcelino me venció obteniendo victoria perfecta. Todos a mí alrededor se burlaron de mí hasta que se empezaron a enfrentar al chiquillo y los dejo en la misma vergüenza. Marcelino me contó que lo que más quería en la vida era ser muy fuerte para poder defender a los que no pueden. En lo último de la confesión de su sueño sonó algo melancólico. Para evitar que se entristeciera lo lleve a otro lado. Creo que nos gastamos alrededor de treinta pesos en los videojuegos. Nota al margen: las partidas no costaban más de dos pesos.

Después de eso nos fuimos a una pequeña feria ambulante que estaba en la avenida de mi escuela. Se subió a varios juegos mecánicos, le compre algunas golosinas y hasta jugo algunos juegos de destreza, en los cuales no gano nada. Tuve que jugar un juego que consistía en romper unas botellas con unas piedras para no tener que irnos con las manos vacías. Obtuvo un peluche de perro bastante gracioso. En esa visita se fueron unos ciento cincuenta pesos aproximadamente.

Después de comer unas hamburguesas, de las cuales no comí nada porque aun tenía la advertencia del Chacal grabada en mi cerebro, me dijo que lo llevara por un helado que era su postre favorito. Entonces recordé una cafetería que también vendía helado que se encontraba muy cerca de mi escuela. Lo lleve ahí y le compre un helado de vainilla, que al parecer era su sabor favorito. Y ahí fue donde me di una buena sorpresa. La persona que nos atendió fue nada más ni nada menos que la linda Diana.

Y ella también se llevo una buena sorpresa al vernos ahí a Marcelino y yo.

-Mira Diego, es la niña bonita de la otra vez.- dijo Marcelino bastante emocionado. Diana en ese momento le dijo al encargado que iba de una vez a tomar su descanso, a lo cual le dijo aquel sujeto que tenía solo diez minutos.

-Si esto no demuestra que el mundo es bastante pequeño no tengo idea que lo probara.- comenzó con la plática Diana mientras yo me tomaba un helado flotante que corría por cuenta de ella.

-Y que lo digas. Nunca imagine que atendieras la cafetería a donde iban mis amigos a tomar café.- respondí rascándome la cabeza.

-¿Y qué haces por aquí?, o aun mejor, ¿que hacer por aquí con ese chiquillo?

-Me está dando el mejor día de mi vida- contestó con mucha alegría Marcelino.

-Vaya, quien te viera que te gustan los niños jejeje, pero se me hace extraño que estés con él. ¿Acaso lo sabe su madre?- contesto Diana en tono medio burlón.

-Pues...- no sabía que podía contestarle, pero al final me decidí por decirle la verdad, sobre lo que había pasado con Marcelino, conmigo, mi estancia con El Chacal, todo lo que tenía guardado en el alma. Ella me oía con una atención indescriptible. Varias veces el dueño le llamo para que volviera al trabajo, a lo que ella respondía que utilizaba otro descanso. Haciendo unas cuantas cuentas vagas creo que no tendría descanso por alrededor de un mes. Terminando mi explicación, le di un último trago a mi helado mientras Diana daba un gran suspiro.

-Vaya, debo admitir que no pensé que hubieras pasado por tanto y, ¿es en serio que solo tienes hasta hoy y mañana para encontrar casa?

-No estoy del todo seguro, pero no tengo mucho interés de averiguarlo. Sin embargo no tengo idea de que hare.- en ese momento Diana volvió a dar una exhalación.

-Pues... creo que... tendrías que trabajar y ayudar en la casa, pero, creo que moviendo unas cosas podrías... - en ese momento los ojos se me iluminaron. Compare a esa bella chica de piel morena con un ángel guardián. Salte de mi silla y corrí a abrazarla. Me gaste toda mi saliva agradeciéndola y comparándola con santos de la religión católica. Ella solo correspondió mi abrazo en silencio.

-Uuuuuuh, Diana y Diego, sentados en un árbol... - comenzó a cantar Marcelino al vernos, pero no me importo en lo absoluto. Al final me dijo Diana que mañana lo planeáramos bien porque esta noche estaría ocupada. No objete en lo absoluto.

Regresamos con El Chacal, el cual ya nos estaba esperando.

-Traes una cara de pendejo impresionante, ¿no te metiste otra moneada o sí?

-Mejor que eso viejo, mucho mejor.- El Chacal prefirió no continuar con la conversación.

Llegando a la casa, cada uno se fue a su lugar para dormir. Yo no pude, estaba muy emocionado. Por fin veía que la suerte me sonreía, una nueva página se iba abrir. Pero en cuanto estaba a punto de dormirme, vi entrar al Chacal a mi habitación, cargando a Marcelino.

-Marcelino, apresúrate y metete debajo de la cama. Tapate los oídos y no importa lo que pase, no vayas a salir.- le gritó a Marcelino. Este acató la orden sin protestar.- y tu vente para acá- también me grito mientras abría un armario. No imaginaran mi sorpresa cuando saco de ahí dos rifle X.- Escúchame pendejo, unos hijos de su pinche madre me buscaban y por fin dieron conmigo, asi que vale madres yo y tu, lo importante es que no toquen a Marce, ¿entendiste?- asentí con la cabeza.

Lo que le faltaba a mi cordura: un tiroteo.

CONTINUARA........

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